Revista NEYART
ISSN: 2992 - 7161
aprendizaje y las instrucciones que guían sus procesos cognitivos, la autorregulación emocional no es una
habilidad del rendimiento académico o una habilidad mental, sino por el contrario es una actividad cíclica
que puede observarse en el desempeño académico de los alumnos en los salones de clases al interactuar
con su aprendizaje mediante la motivación y conducta que manifiestan en su desempeño escolar.
El estudio de la autorregulación ha evolucionado desde lo emocional hacia lo pedagógico, los primeros
estudios de la autorregulación se orientan hacia la necesidad de regular emocionalmente a los alumnos,
por lo tanto "La educación emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende
potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo humano,
con objeto de capacitarle para la vida y con la finalidad de aumentar el bienestar personal y social. Para
ello, es necesario que la educación emocional se inicie desde los primeros años de vida, en la etapa de
educación infantil, y que esté presente a lo largo de toda la escolarización, implicando tanto a la familia
como al profesorado en esta tarea de formación integral" (López Cassá, 2005, p. 155).
En este sentido, la doctora en ciencias de la educación por la Universidad de Barcelona Elia López Cassá
refiere que la educación emocional es un proceso permanente que debe integrarse en el currículo de
educación infantil y primaria para potenciar el desarrollo integral del niño. Según, para ella es primordial
que los infantes aprendan a identificar y regular sus emociones con apoyo de los planes y programas de
estudio, considera fundamental que desde los primeros años de educación básica en México se aprendan
a nombrar las emociones y cómo lograr autorregularlas para tener mejores niveles de concentración
escolar.
Por su parte el profesor matemático costarricense José Ángel García Retana (2012) señala "Dentro del
proceso educativo, se ha tendido a privilegiar los aspectos cognitivos por encima de los emocionales. No
obstante, el aprendizaje es un proceso intrínsecamente afectivo. Las emociones influyen en la capacidad
de razonamiento, en la memoria, en la toma de decisiones y en la actitud ante el estudio. Un alumno que
no gestiona su frustración ante la dificultad de una tarea verá bloqueada su capacidad de atención, lo que
impedirá que el proceso de aprendizaje se consolide de manera significativa" (p. 4).
A partir de estas ideas se tiene que el aprendizaje no es un proceso puramente racional, sino que también
está condicionado por las emociones de los sujetos involucrados en el aprendizaje. Desde este enfoque se
empieza a dar un sentido integral al aprendizaje, el papel que juega lo subjetivo y las emociones en el
aprendizaje, las investigaciones de este autor destacaron que el estado emocional del estudiante actúa
Edición 4 | Vol. 4 – Núm. 1 | enero – junio 2026 |
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Artículo de Investigación Original